18 de julio de 2018

Investigadoras han desvelado el mecanismo por el que la grasa parda se activa para producir calor eliminando el exceso de grasa, unos resultados, publicados en la revista PLoS Biology, que tienen potenciales implicaciones clínicas para el tratamiento de la obesidad y algunas enfermedades relacionadas con ella, como la diabetes.

 

La obesidad es un problema epidémico. Se calcula que cerca de 2.200 millones de personas sufren sobrepeso u obesidad en el mundo, lo que la convierte en uno de las preocupaciones prioritarias para la Organización Mundial de la Salud (OMS). En los últimos años, los investigadores se están centrando en estudiar en profundidad el funcionamiento del tejido adiposo, en concreto de la grasa parda, para entender mejor cómo se puede luchar contra los problemas causados por la obesidad.

La grasa corporal es esencial para mantener el equilibrio energético y ayudar a regular la temperatura del cuerpo. Pero no toda la grasa es igual. El metabolismo cuenta con dos tipos de tejido graso: uno adiposo blanco, que almacena calorías extra, y el marrón o pardo, una grasa ‘buena‘ que quema energía para generar calor. Frente a la extendida visión de que la grasa no tenía una función fundamental, en los últimos años se vió que ésta podría ser la una solución al problema de la obesidad.

El equipo de investigadoras del CNIC, dirigido por la doctora Guadalupe Sabio, desarrolla desde hace tiempo una línea de investigación dirigida a comprender los mecanismos necesarios para activar esta grasa parda con el objetivo de eliminar el exceso de grasa que acumulan las personas obesas. En colaboración con el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y el Hospital Universitario de esta ciudad de Castilla y León, este grupo del CNIC identificó un nuevo mecanismo con implicaciones clínicas futuras.

Tejido adiposo humano

Las investigadoras mostraron, en más de 150 muestras de tejido adiposo humano, que la proteína p38 alfa se encuentra en menor cantidad en las personas más obesas y sugieren, según explica Nuria Matesanz, quien participó en la investigación, que “la p38 alfa podría regular una proteína clave para activar la grasa parda, denominada UCP1, que es la responsable de eliminar el exceso de grasa en forma de calor”.

En sus investigaciones con ratones modificados genéticamente y carentes de p38 alfa, las científicas reflejaron que su ausencia en el tejido adiposo protege a los ratones frente a la obesidad a pesar de ser alimentados con una dieta grasa. Esta protección, explica Ivana Nikolic, quien también intervino en el estudio, “se debe a que la falta de la proteína p38 alfa activa la grasa parda, eliminando así el exceso de grasa blanca en forma de calor”. Además, y no menos relevante, este trabajo muestra que estos ratones, carentes de p38 alfa, están protegidos también frente a la diabetes y al hígado graso.

Asimismo, este estudio del CNIC arrojó otro dato importante, como es que la proteína p38 alfa controla la activación de otra proteína de la misma familia, p38 delta, que sería la encargada de regular la temperatura. Así, las investigadoras apuntan que “cuando los ratones son sometidos a bajas temperaturas, p38 delta se activa, aumentando la actividad de la grasa parda”.

 

Fuente: actasanitaria

 

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